
Balin le llevó una taza de agua a Maris. Ella la sostuvo sin beber mientras Xandor le preguntaba qué había visto primero.
—El bote —dijo—. Después el agua. Tan negra que la mano destaca sobre ella.
Se quedó mirando su propia mano alrededor de la taza. —Se hunde. Ahí termina.
—¿Sin rostro? —preguntó Xandor.
—No.
—¿Sin puntos de referencia?
—No.
—¿El agua se mueve con normalidad?
Maris lo miró.
—No.
Xandor lo escribió.
—¿Cuánto tiempo llevas viendo esta imagen exacta?
—Desde esta mañana. Otras cosas antes. Esto no.
—¿Y la atracción hacia Riverhold?
—Después de despertar en el campo.
Xandor anotó sus palabras y dejó un espacio entre ellas y el pasaje sobre Sentido.
Dulint se apoyó contra la mesa.
—Entonces el cubo la detectó.
—Ella encontró el cubo —dijo Xandor—. Eso nos lo ha contado. Todavía no hemos visto que el cubo la siga cuando se marche.
Maris lo señaló.
—A él lo detesto menos.
Balin sonrió.
—El listón está bajo.
A Maris se le levantó una comisura. Por fin bebió.
—Las visiones vienen las quiera o no —dijo—. Me dejan en el suelo. La gente deja de creerme después de la tercera advertencia que suena imposible.
—Te creo —dijo Eldric.
Ella lo miró.
Él no explicó nada.
Balin rompió el silencio.
—¿Qué hacemos de verdad?
Eldric sacó el mapa de caminos de debajo de las notas de Xandor.
—Esta noche no tomamos los caminos del norte —dijo Eldric—. Están vigilados.
—De acuerdo —dijo Dulint.
—No nos separamos mientras no sepamos quién puede seguir el cubo.
Dulint asintió otra vez.
Maris miró hacia la puerta.
—¿Qué tan temporal es este arreglo?
—Hasta mañana —dijo Eldric—. Elegiremos una ruta con luz.
—Bien.
Xandor apartó las notas y despejó un sitio para que Maris dejara la taza.
—Hablaré con el posadero para que nos traiga más lámparas. Conviene dejar una encendida.
Balin tocó el borde de la página copiada.
—¿Cómo llamo a esto si tengo que despertar a alguien? ¿Fase de Sentido?
—Con cubo basta. Todos sabrán a cuál te refieres.
—¿Y si hace algo nuevo?
—Dinos qué ves.
—¿Y tú nos dirás qué significa?
—Espero sorprenderte algún día.
Balin suspiró.
—Antes del desayuno estaría bien.
—Veré qué puedo hacer.
Eldric miró alrededor de la mesa.
Dulint se había dejado caer con cuidado en una silla. Maris aún sostenía la taza vacía, y Balin intentaba ocultar un bostezo.
Ninguno parecía capaz de pasar la noche en el camino. Eldric acercó otra silla a la ventana.
—Nadie sale solo —dijo—. Nadie lleva el cubo sin una segunda persona presente. Hacemos guardias por parejas.
Maris lo miró.
—Eso sí puedo aceptarlo.
Dulint asintió.
—Yo también.
Balin se encogió de hombros. —Mejor que ser perseguido solo.
Xandor reunió sus notas.
—Por la mañana, entonces.
Dulint lo acompañó en la primera guardia y estiró la pierna mala bajo el alféizar. Eldric se apartó para dejarle sitio.
Desde allí Eldric veía la entrada del establo además de la calle. Esperó a que Dulint se acomodara antes de señalarle el ángulo muerto bajo el alero.
Fin de Capítulo 10.5 —> 11.1: El Hombre Amable: El Salvador
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