
La discusión comenzó al amanecer.
Eldric extendió el mapa sobre la mesa, su dedo trazando dos líneas hacia el norte. —Ruta rápida. Tres días. Pasos de montaña, terreno expuesto, pero nos movemos rápido.
—Y caminamos directo por territorio de patrulla Grukmar —contradijo Dulint—. Hemos visto las señales. Están organizados. Están cazando.
—Siempre están cazando. La velocidad nos lleva a través antes de que puedan reaccionar.
—La velocidad nos mata.
Los otros observaron el intercambio en silencio. Xandor, neutral como siempre. Balin, claramente ansioso por moverse. Maris, pálida y callada, la presencia constante del Faro desgastándola.
—La ruta más larga. —Dulint señaló una línea diferente—. Seis días. Senderos de valle, más cobertura. Terreno más difícil, pero más seguro.
—Tres días extra. —La voz de Eldric era plana—. Tres días donde el artefacto sigue transmitiendo. Tres días donde lo que sea que nos rastrea se acerca más.
No estaba equivocado. Dulint sabía que no estaba equivocado. La lógica era sólida—la velocidad minimizaba la exposición, reducía la ventana de vulnerabilidad.
Pero la voz de la vidente resonaba en su mente. Lentamente. Fracasa lentamente, y algunos podrán sobrevivir.
—Los Grukmar en esas montañas no son exploradores —dijo Dulint—. Son equipos de emboscada. Organizados, experimentados. Caminamos la ruta rápida, apostamos todo a pasar antes de que nos encuentren.
—¿Y la ruta lenta?
—Tardamos más, pero controlamos el enfrentamiento si sucede uno. Cobertura, líneas de visión, ventaja de terreno.
Xandor habló finalmente. —Ambas posiciones tienen mérito. La pregunta es qué riesgo preferimos—velocidad con exposición, o cautela con tiempo.
—A la transmisión del artefacto no le importan nuestras preferencias —dijo Eldric—. Cada día que demoramos es otro día en que algo nos encuentra.
Dulint miró a Balin. El rostro de su sobrino estaba ansioso, queriendo moverse, queriendo actuar. La misma impulsividad que lo hacía valiente podría matarlo.
—Tomamos la ruta lenta —dijo Dulint—. Seguridad sobre velocidad.
La mandíbula de Eldric se tensó, pero no discutió más. La decisión estaba tomada.
Tres días. Sonaba como nada. Dulint sabía que significaría todo.
Fin de Capítulo 16.3 —> 16.4: La Advertencia del Vidente: La Verdad
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